Un dia de campo con un final no muy feliz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En mi familia nos consideramos plenos amantes de la naturaleza, tanto es así que ningún fin de semana pasamos por alto la oportunidad de salir en familia a conocer sitios nuevos y a disfrutarlos con los más pequeños. Hay a quien le da pereza coger el coche temprano y hacer bastantes kilómetros pero nosotros no en cuanto alguien nos dice que hay cualquier paraje natural que no conocemos ya estamos preparando enseguida. Mi mujer se levanta la que más temprano y prepara unas comidas que bien pueden comer los dioses, prepara una buena nevera en la que incluye todo tipo de bebidas para todos los gustos, postres también para todos los gustos, y como digo comida que poca queda para cuando regresamos, y si algo queda la devoran los niños a la vuelta dando paso a una siesta reparadora hasta que llegamos. Bien pues como todos los fines de semana este era especial, venía mi hermana y cuñado con mis sobrinos con nosotros, nos habían hablado de un sitio espectacular en el que por lo visto se podían ver incluso animales salvajes como lobos y jabalíes, estábamos muy nerviosos y muy contentos a la vez.

Ese día salimos relativamente temprano estaba mucho más lejos que los demás sitios a los que solemos ir, cuando llegamos era la hora del desayuno, desayunamos de manera tranquila, era todo muy verde y se podía escuchar el canto de miles de pájaros cerca de nosotros. Estábamos extasiados, pensando en que en cualquier momento podríamos encontrarnos con cualquier animal de los que nos habían dicho, pasamos la mañana andando por lugares preciosos, con cascadas de película y escondites que parecieran hechos aposta en este momento llevábamos unos bocadillos el coche estaba lejos y era imposible volver, nos dimos un baño, hay quien echó incluso una pequeña siesta debajo de un árbol en el que se estaba de fábula, y continuamos nuestro camino. Ya con hora de volver lo hicimos por los mismos pasos y nada que nos íbamos sin la suerte de ver ningún animal, hasta que una vez subidos en los coches camino a la salida de repente nos llevamos el mayor susto de nuestras vidas, se me cruzó un jabalí y me dejó el coche siniestro, el pobre animal no lo contó y por suerte nosotros estábamos bien, llegó la grúa y pronto tuve que ponerme en contacto con un sitio de venta de coches siniestrados al que llevar el vehículo. Lo malo de todo es que tuvimos que comprar un coche nuevo y esperar varios meses para seguir con nuestras locas aventuras.